En una región llanera donde todavía existen iglesias que son pastoreadas por analfabetos, llegó un evangelista extranjero a predicar. Al llegar a aquel lugar, el evangelista habló largamente con el pastor, un anciano pequeño de aspecto campesino. Le habló acerca de todos los estudios teológicos que tenía y todas las credenciales que le habían dado.
En el camino a la iglesia, le recriminaba al anciano el hecho de que éste fuera pastor sin nunca haber estudiado. Pero mientras hablaba, salió un toro que los embistió a los dos y ambos comenzaron a correr. El campesino inmediatamente escaló un árbol, mientras le gritaba al extranjero: "Muéstrele sus credenciales hermano, muéstrele sus credenciales."

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