Era un hermano que estaba muy enfermo y al punto de irse a su morada celestial. De repente uno de sus hijos se acercó a él y le preguntó: -"Papá, ¿tienes algún último deseo?" - y el papá le dijo: -"Sí, hijo, ve a la cocina y tráeme de ese pastel que tu mamá está horneando, que huele muy bien y es mi favorito."
Después de un rato, el hijo regresó y el padre le preguntó: "¿Qué pasó con el pedazo de pastel que te pedí como último deseo, hijo mío?" Y el hijo le contestó: "Papá, tú ya conoces a mamá; ya sabes lo estricta que es y ella dice que el pastel es para después del funeral."

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