Una anciana que trabajaba como mujer de la limpieza fue a la iglesia local un domingo. Al final del servicio, cuando se dio el llamado, ella se adelantó para aceptar al Señor. El pastor escuchó cuando ella le contó que había aceptado a Jesús y quería bautizarse y convertirse en un miembro de la iglesia.
El pastor pensó para sí: "¡No, está mujer está muy descuidada, huele mal, incluso sus uñas no se ven muy limpias. Ella recoge basura, limpia baños... ¿Qué pensaran los demás miembros de la congregación?" Al final le dijo a la mujer fuera a casa y orara al respecto, para luego decidir que hacer.
A la semana siguiente, la mujer vino otra vez pidiendo lo mismo. Pero el pastor le dijo que fuera a casa y orara un poco más. Unas semanas más tarde, mientras estaba comiendo en un restaurante, el pastor vio a la viejecita. Él no quería que ella pensara que le estaba ignorándola, así que se le acercó y le dijo: "No te he visto en mucho tiempo. ¿Está todo bien?"
"Oh, sí", dijo. "Hablé con Jesús, y él me dijo que ya no me preocupara acerca de convertirse en un miembro de su iglesia."
"¿En serio?" dijo el pastor.
"Absolutamente", respondió la anciana. "Me dijo que incluso Él no ha sido capaz de entrar en su iglesia, y eso que ha estado intentándolo durante años".

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