Un predicador extranjero fue a un pueblo de México. Después del servicio, lo invitaron a comer. Cuando se encontraba en la mesa, le sirvieron un platillo típico de la región. Cuando empieza a comer, el hermano comenzó a cambiar de color rojo colorado, pues la comida tenía demasiado picante. A lo que él gritó en su pobre expresión de la lengua:
"¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!"
Al momento, uno de los hermanos corrió a poner las manos sobre el americano, exclamando a gran voz:
"¡Recibe, hermano! ¡Recibe!"
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