-Hermano, me han gustado mucho sus prédicas, me siento motivado a seguir con el ministerio que Dios me ha dado. Pero sigo teniendo una gran duda en mi corazón y quiero compartirla con usted: ¿Como sé que soy salvo?
-Bueno, -le dijo el pastor- responderme con sinceridad ¿Vives de acuerdo a las escrituras? ¿Pasas tiempo orando y buscando de Dios? ¿Tratas de ser cada día más como Cristo?
-Todo eso lo hago, pero todavía no me siento seguro de ser salvo.
Entonces el pastor (con mucha sabiduría) le dice:
-¿Tú conoces algún lugar de perdición por aquí, cantinas, prostíbulos y todo eso?
-Claro. Conozco todos aquí en la ciudad.
-Entonces quiero que hagas lo siguiente: cuando salgas de aquí, vas a ir al bar más cercano y te vas a emborrachar.
-¿ESTÁ USTED LOCO?- le dice extrañado el joven.
-Luego vas a un prostíbulo y te buscas unas muchachas...
-¡PERO COMO SE LE OCURRE! ¡Yo no podría...!
-Es más, -le dice el pastor- quiero que te vayas toda la noche de fiesta y que hagas todas las maldades que puedas.
-¡No, hermano! ¿Cómo me dice algo así? ¡No puedo hacer eso! ¡NO PUEDO! ¡NO PUEDO! Yo...- Se queda pensativo por un minuto y dice sonriendo: -Sí, ¡Soy salvo!

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puedes enviarnos tu comentario
!Que Dios te bendiga!