El predicador de visita en la iglesia de la otra punta de la ciudad saluda amablemente desde el púlpito.
Después de agradecer la invitación y mencionar su amistad con los pastores anfitriones, les aclara: “Si me ven por la calle y no los saludo no se preocupen. Seguro es mi hermano. Somos mellizos”.
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