“Después de comenzar una nueva dieta, cambié mi camino al trabajo para evitar pasar por mi panadería favorita.
Cierta mañana pasé nuevamente por la panadería por accidente y en la vidriera pude ver pasteles, tortas, un 'lemon pie' y diversas exquisiteces. Sentí que esto no era un accidente, así que oré: ‘Señor, de ti depende. Si tú quieres que pruebe alguno de estos manjares, dame un lugar para que pueda estacionar cerca de la panadería’. Y así fue, a la séptima vuelta de la cuadra, ahí estaba el espacio libre. ¡Qué bueno que es Dios!”

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