Un pastor se llevó a un profesor de filosofía (ateo, por cierto) a pescar en un gran lago. Cuando iban en el lago, el filósofo dejó caer accidentalmente un remo, que empezó a flotar alejándose poco a poco de la barca. El pastor salió de la barca, caminó sobre el agua hasta alcanzar el remo, lo agarró y se dirigió de regreso a la barca. Al día siguiente en la universidad, un colega le preguntó al filósofo si había disfrutado de la pesca con el pastor.
"Estuvo bien, pero ¿Usted puede creer que ese tipo no sabía nadar?"

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