En el cielo y una vuelta al pasado

Días críticos se vivían en el cielo cuando las figuras bíblicas reflexionaron sobre sus experiencias de vida en la tierra.

La idea era debatir el mejor enfoque para el desarrollo de cada una de sus hazañas.



En el banquillo de los acusados estaba Moisés y a consideración de los grandes hombres de la Biblia estaba la separación de las aguas del Mar Rojo, milagro portentoso sin duda pero que tenía sus críticos como podrá verse.

Noé, quizá por encontrarse en las primeras páginas del Génesis, sintió que debía ser el primero en intervenir, y sin decir “agua va” comenzó su exposición: “creo que tendría que haber utilizado la previsión divina y construir un arca con tiempo para transportar a los israelitas a través del mar”.

Pedro se opuso, alegando que el método de Noé era demasiado técnico, y destacó que él simplemente hubiera ayudado a los israelitas a caminar sobre el agua a través del mar. “Conozco de esto”, dijo con el tono más humilde posible.

Elías se opuso, y dijo que al método petrino “no es confiable y es muy individualista”. Y propuso pedir fuego del cielo para consumir el Mar Rojo.

Salomón señaló con la sabiduría que lo caracterizaba: “Hermano, esto no resuelve el problema de los egipcios”.

A punto de estallar, Elías lo miró con incredulidad antes de decir lo que le parecía tan obvio: “también pediría fuego sobre los egipcios”.

Daniel comentó que el método de Elías no era rentable. Daniel, hombre de estado, y un Elías ahora furioso, se trenzaron en una discusión acalorada.

Cuando parecía que el tema quedaría para la próxima asamblea milenial, Balaam se levantó y pidió la palabra: “Hermanos, creo que lo más sabio hubiera sido colocar un burro delante de los egipcios que avanzaban.”

Se hizo un silencio absoluto y todos lo miraron con asombro, como diciendo “cómo no se me ocurrió a mí”.

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