Había dos hermanos de la iglesia. Uno de ellos trabajaba en una carnicería. Un día llegó el otro hermano a la carnicería y le dijo al empleado:
“Hermano, ¿me fía dos kilos de carne?”
El empleado le dijo, “No puedo.”
Le dijo el otro: “¿Pero no somos hermanos?”
Y el empleado le contestó, “Somos hermanos en el Espíritu, pero no en la carne.”

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