La niña y la ofrenda de escuela dominical

En cierta ocasión, una madre le entregó dos monedas iguales a su pequeña hija, y le explicó que una moneda era para la ofrenda de la escuela dominical y la otra para que se comprara dulces en la salida.  Durante el trayecto hacia la iglesia, la niña tropezó y cayó al suelo, escurriéndose una de sus monedas, que rodó hasta perderse por la rejilla de un alcantarillado.  Cuando se reincorporó de aquella caída, corrió a ver donde había caído aquella moneda.  Al ver que ya no podría recuperarla, exclamó: “¡Mira, Dios... se perdió tu dinero!”


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Versículo para memorizar

Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; En las obras de tus manos me gozo.
(Salmos 92:4)