Un hombre que era muy rico y muy avaro, tanto que al morir quería llevarse sus riquezas.
Cuando estaba agonizando pidió perdón y se puso a orar :
- "Señor, sólo te pido que cuando muera me pueda llevar una maleta".
Y el Señor le dio permiso. En la maleta llevaba puros lingotes de oro y al irse a dormir la dejo a un lado de su cama sosteniéndola con su mano. Se murió y al llegar a la entrada del cielo, un ángel le preguntó su nombre. Mientras revisaba en el libro, el hombre le dijo:
- "Pregúntale al Señor sobre la maleta, él me dijo que podía traerla."
Entonces el ángel le dijo:
- "De acuerdo, pero antes de dejarte pasar, tengo que revisarla."
Al abrirla, el ángel empezó a reírse y le dijo:
- "Esta bien, sólo trajiste pavimento. Aquí todas las calles son de oro."

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