Una vez, un niño se metió una moneda a la boca y se le atoró. La mamá se asustó mucho, así que llevó al niño a una iglesia cristiana. El pastor le preguntó que le pasaba, y ella le respondió que a su hijo se le había atorado una moneda. El pastor se quedó un poco confundido, y le preguntó:
¿Por que no lo lleva con el doctor?
La señora le respondió: "Es que me han dicho que los pastores son muy buenos para sacar dinero".

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