El pequeño Federico y su familia almuerzan el domingo en la casa de la abuela.
Abuelos, hijos y nietos están sentados en torno a la mesa mientras esperan que todos estén servidos.
Cuando Federico recibe su plato empieza a comer sin mayores preámbulos.
“¡Federico!, espera hasta que oremos”, lo reta la madre. “No, no hace falta”, responde el niño.
“¡Por supuesto que debes esperar!”, insiste la mamá. “Recuerda, en casa siempre oramos antes de comer”.
“Eso es en casa –explicó Francisco- pero ahora estamos en lo de la abuela y ella sabe cómo cocinar”.

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