Una niña señaló una Biblia llena de polvo sobre una mesita y le preguntó a su madre a quién pertenecía “ese libro”.
Sorprendida por la pregunta de su hija, la madre contestó: “Mi amor, ¿no sabes de quién ese libro? ¡Es el libro de Dios!”
Y la hija comentó: “¿No te parece que sería mejor que se lo devolviéramos? ¡Por acá nadie lo lee!”.

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