Un cristiano y tres ateos discutían acerca de la existencia de Dios. Como la discusión parecía no tener fin, los ateos recurrieron al democrático argumento de mayoría: "Somos tres contra uno"; dijeron.
En eso, de pronto se abre el cielo y se escucha una estruendosa voz...
"Por supuesto que existo".
El cristiano sonreía a los ateos con un dejo de triunfo, pero entonces uno de los ateos replicó: "Tres contra dos. Igual ganamos".

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